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En invierno, Punta del Este cambia de ritmo y el tiempo parece estirarse. Es en esta versión más tranquila Punta del Este revela otra posibilidad: ser punto de partida para diversas escapadas, fuera del circuito habitual.
A menos de una hora, aparecen cerros, pueblos mínimos, bodegas y lagunas donde el plan no pasa por hacer mucho, sino por mirar distinto. Cuatro escapadas para salir —y volver— en el día.
Piriápolis: Misticismo, cerros y aire de otra época
A menos de 40 minutos, Piriápolis propone un cambio de registro. Fundada con una impronta casi utópica, conserva un aire de balneario antiguo que en invierno se vuelve más evidente.
Subir al cerro San Antonio, recorrer el histórico Hotel Argentino o perderse en el Castillo de Piria son excusas para dejar que el clima —a veces brumoso, siempre calmo— marque el pulso.
Pueblo Edén: Sierras, vino y cocina a fuego lento
Hacia el interior, el paisaje ondulado de Maldonado abre paso a una escena gastronómica cada vez más interesante. Pueblo Edén es pequeño, pero funciona como puerta de entrada a bodegas y restaurantes donde el invierno se vive puertas adentro.
El plan ideal: almuerzo largo, copa de Tannat y una caminata breve por el pueblo, entre construcciones bajas y un silencio que se agradece.
Laguna Garzón: Arquitectura, horizonte y contemplación
Hacia el este, el paisaje se vuelve más abierto. El cruce por el puente circular sobre la laguna introduce una pausa obligada: bajar la velocidad y mirar.
En invierno, la zona —incluido José Ignacio— se muestra despojada. Menos gente, más viento y una luz distinta que transforma lo conocido en algo nuevo.
Sierras de las Ánimas: Naturaleza cercana y energía mineral
Para quienes buscan un plan más activo, las Sierras de las Ánimas ofrecen senderos accesibles y vistas amplias sin alejarse demasiado. La vegetación cambia de tono, el aire es más nítido y el esfuerzo físico suma otra dimensión a la experiencia.
Es una escapada distinta: menos urbana, más física, ideal para conectar con el paisaje desde otro lugar.
Invierno en Punta del Este no es sinónimo de pausa, sino de otra forma de moverse. Más libre, más intuitiva. Salir por el día, cambiar de paisaje y volver antes de que caiga el sol puede ser, también, una manera de viajar.
No te quedes afuera!
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